“El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José. Pero antes de que se unieran, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José, su esposo, como era un hombre justo y no quería exponerla a la vergüenza pública, decidió separarse de ella en secreto. Mientras él pensaba en esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque lo que en ella ha sido engendrado es del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa: Dios con nosotros. Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado y recibió a su mujer; pero no la conoció íntimamente hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.”
Mateo 1:18–25
¡Que Dios te bendiga poderosamente en este día!
¡Amén!
Cuando leemos y meditamos en las Sagradas Escrituras, entendemos la magnitud del Salvador, quien no escatimó esfuerzos para ser un perfecto ejemplo de amor hacia la humanidad. Aun siendo el hombre lleno de incongruencias, el Príncipe de Paz se puso a disposición de justos e injustos. ¡Qué extraordinario, lectores!
María, una virgen, quedó embarazada por el poder inefable del Espíritu Santo. ¡Aleluya! Fue la escogida por Dios para vivir un propósito divino, inspirador y excepcional, que desde hace siglos testifica que el Señor realiza los milagros más increíbles en esta sociedad. Él creó los cielos y la tierra. ¡Él es el Autor de la vida!
Aquí, un ejemplo más de cuán misericordioso es el Hijo de Dios:
“Uno de los criminales crucificados le insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro, reprendiéndolo, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, en verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; pero este hombre no ha hecho nada malo. Y dijo: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le respondió: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Lucas 23:39–43
Dios es el Padre Celestial. Jesús es Su Hijo. El Espíritu Santo es el mismo Señor habitando en nosotros, guiándonos por caminos justos, por caminos de amor.
Cuando nos enfrentamos a las malas noticias de este mundo, la tendencia a maldecir a las personas y las situaciones es lo que nos impulsa a vivir según patrones satánicos. Dejamos de valorar las infinitas bendiciones contenidas en las Sagradas Escrituras y fácilmente somos alcanzados por las flechas malignas. ¿Es natural? No. Es el juego del diablo. ¿Quieres vencerlo o ser devorado por él?
Inevitablemente seremos bombardeados por voces infernales. Después de todo, estamos en una guerra espiritual, y dejarnos engañar por el falso esplendor de una sociedad decadente no nos hace “libres” ante los ojos del Padre. Somos verdaderamente libres cuando nos humillamos delante del Creador y obedecemos Sus santísimas exhortaciones, que producen vida en el ser humano.
“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo. Echen sobre Él toda su ansiedad, porque Él tiene cuidado de ustedes. Sean sobrios y vigilantes. Su adversario el diablo anda alrededor como león rugiente, buscando a quien devorar.”
1 Pedro 5:6–8
Alberto Dinys es un escritor cristiano brasileño de 26 años. Escribe artículos religiosos para diversos sitios y se siente enormemente honrado de proclamar el nombre de Jesús en los medios seculares de Rondônia. Es heterosexual, soltero, y espera a la mujer que Dios ha preparado para él.
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Este contenido fue creado originalmente en idioma portugués por Alberto Dinys, autor de la obra.
La presente versión en español constituye una traducción autorizada del texto original.
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